Estado, gobierno y poder

Actualidad País

Cuando tratamos de clarificar la relación o la sinonimia entre Estado, Gobierno y Poder, podemos ampliar el debate hacia los contenidos de la democracia y la política institucionalizadas en una nueva inclusión social. Sin embargo, la construcción en el concepto político y ciudadano requiere ampliar la participación de la base democrática de aquellos colectivos excluidos en los niveles municipales, regionales y nacionales. Dicha participación requiere tener una sólida información de las tendencias políticas que se van configurando en aquellos colectivos cuyos conductos ciudadanos y actitudes en el escenario democrático, están determinados desde sus necesidades laborales, académicas y de visibilización social.

La futura instrumentalización del Estado, del gobierno y del poder, puede estar solo condicionada y promovida por símbolos que persuadieron a las masas por generaciones, y que tanto en el presente como en el futuro sirven y servirán de base para las demandas sociales que a su vez pueden adquirir carácter de oferta electoral o de vigencia comunitaria inmediatas.

En consecuencia la intrincada red constitucional del quehacer político cambia su faz: de una concepción gerencial-empresarial, hacia una realidad comunitaria y social con fuertes e importantes repercusiones culturales, económicas y pedagógicas que revolucionan el habitual escenario de perspectivas prefabricadas, nada sistematizantes y más bien derivadas que sustanciales.

Ahora bien, el bullado tema de la inserción social, queda especificado en la inserción política, institucional y en la dinámica de los movimientos sociales, y su respectiva autonomía, tanto con respecto al ninguneamiento proveniente del derechismo como hacia el posible totalitarismo de la ultraizquierda tradicional.

Con estos elementos, nos es posible abordar el tema que intitula el presente artículo, superando la alienación del pensamiento político, comprendiendo la calidad de nuestras instancias organizativas estadales en la concretización de nuestras reivindicaciones históricas.

El proceso revolucionario para consolidarse internamente, entiéndase como poder en cotidiano ejercicio, tiene que autoconstruirse desde el gobierno y en el gobierno.

Estos vocablos pueden usarse equivocadamente como sinónimos, e inducirnos a concepciones erradas de lo político en el nivel funcional. El Estado son todas aquellas instancias sociales organizadas con una estructura política para intervenir en la vida pública.

El gobierno lo constituyen aquellas representaciones políticas elegidas para actuar en los poderes del Estado. El poder es el ejercicio del gobierno que plantea la necesaria relación gobernante–gobernado.

Sin embargo, la práctica política es mucho más compleja que las citadas definiciones.

A pesar que el Movimiento al Socialismo está en el gobierno del Estado Plurinacional desde hace once años, no podemos afirmar que tenga el poder de dicho Estado. Porque las iglesias, escuelas, empresas estadales, Fuerzas Armadas, Policía, medios de comunicación y universidades están más lejos de defender la legitimidad de Instrumento Político por la soberanía de los pueblos, y de reconocerlo como único ente revolucionario.

En otras palabras el MAS no ha logrado posicionar su política revolucionaria en la cotidianidad de aquellas instituciones, anulando todo vestigio de oposición contrarrevolucionaria. Esta imposibilidad de marcar el mismo paso entre gobierno y poder, se debe principalmente a una débil vigilancia política, a una ausencia de control social y a la permanencia de una frondosa cultura leguleya que defiende a capa y espada el viejo orden neocolonial y derechista de la República entreguista y vasalla.

Lo cierto es que más allá del discurso revolucionario, la práctica revolucionaria tiene que imponerse de manera masiva en todo aquel pesadísimo aparato estadal que todavía es la maquinita que reproduce sin pausa capitalismo e imperialismo.

No podemos negar que a los movimientos sociales les falta mayor agresividad en el ejercicio de su representación institucionalizada, los movimientos sociales aún no han penetrado a todas las instituciones del quehacer nacional mediante el control social.

Por otra parte, los ciudadanos que trabajan en el gigantesco aparato del Estado Plurinacional no están siendo informados acerca del contenido revolucionario del proceso de cambio, información que para ellos debe tener carácter obligatorio, mediante cursos periódicos de información y formación política, mismos que utilizando un plan curricular de materias generen líderes para robustecer este proceso con proyección a largo plazo.

Solo consolidando la presencia total del MAS en todas las instituciones del estado, será posible la armónica correspondencia entre gobierno y poder, entendiendo este último como la efectiva y constante influencia revolucionaria del proceso de cambio en la dinámica institucional y social.

En consecuencia, tanto los movimientos sociales como las organizaciones sociales tienen que ejecutar una depuración de todas aquellas instancias que escudadas mañosamente en la libertad de expresión o en el pluralismo democrático, operan la insurrección contrarevolucionaria y pro imperialista rechazando todo cambio al interior del Estado, en complicidad con la cooperación internacional para el “desarrollo”.

Si nos damos cuenta, constatamos que esta crisis del poder forma parte de los compromisos revolucionarios a por cumplirse, y que puede incluso mostrarse como una de las tantas contradicciones en el interior de las conquistas revolucionarias y una de las más importantes tareas que tienen que ejecutar los movimientos sociales.

El no tener poder a pesar de estar en el gobierno, resquebraja el poder revolucionario, permitiendo que cientos de miles de infiltrados de la derecha oligarca realicen un trabajo de termitas, saboteando todo posible cambio. Consecuentemente, no podemos olvidar que una prioridad todavía no atendida en el marco de la revolución legislativa y jurídica, es el inmediato cambio de las leyes de la Contraloría del Estado Plurinacional, leyes que fomentan y multiplican una apropiación patrimonial del aparato público.

Entonces, debemos reconocer que el poder que pueda detentar un gobierno revolucionario, depende de las condiciones favorables que este último genere en aquellas esferas sociales e institucionales de su inmediata incumbencia

Una segunda puntualización, está referida a las presencia del Estado (léase poder gubernamental) en aquellas instancias entregadas a la economía neoliberal. El hecho de que el Estado asuma cada vez más compromisos en diversos niveles en los que antes estaba excluido, no tiene que traer como lógica consecuencia, un incremento exponencial de la burocracia y la ya histórica ineficiencia del funcionario público, además de la corrupción como valor agregado.

El detentar proporcionalmente el gobierno y el poder, viene a constituirse en nuestro tiempo, en la clave del futuro éxito y permanencia de Revolución Democrática Cultural.

Por: Marco Antezana

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