Planeta de agua

Columnistas Medio Ambiente

Desde hace tiempo se prospecta en los organismos internacionales que las futuras guerras que genere la humanidad, serán a causa de la escasez de agua, según algunas voces, provocada por el Proyecto científico-militar “HAARP”. Es inadmisible que ello ocurra en un planeta cuya masa hídrica es del 75% del total de su superficie. Pero, más allá de constatar evidencias geológicas, lo cierto es que el recurso agua está amenazado de correr la misma suerte que en su momento corrieron la explosión demográfica, la escasez de alimentos, el SIDA y los desastres ecológicos: ausencia de planificación.

La problemática acuífera tiene que liberarse de la demagogia cortoplacista de los encuentros internacionales, eventos que soslayan el aporte científico y restan importancia a la aplicación técnica, pretendiendo ignorar que el derecho al agua y el derecho a la vida como derecho a la reproducción biológica, son sinónimos.

Mencionamos la ausencia de planificación, esto último es verdad, si analizamos objetivamente que el mundo subdesarrollado hasta ahora no ha sido capaz de gestar proyectos que eduquen en el uso del agua, optimizando proyectos de acuicultura, saneamiento básico, normalización industrial, ecodesarrollo, tributación doméstica de aguas residuales, sensibilización social, promoción de cultura amnícola, para puntualizar algunos de los más importantes factores que paulatinamente van constituyendo el nudo gordiano del temido futuro conflicto.

La alerta es mayor, sin consideramos la falta de información permanente acerca de lo que implica el desarrollo sostenible – vocablos convertidos en muletilla del discurso tecnocrático y neoliberal -, y que explica muy bien las conductas de derroche y sobreexplotación de los recursos hídricos por parte de millones de seres humanos que, escudados en la errónea idea de que el agua como derecho a la vida es un recurso divino ilimitado, no imaginan que dicho recurso pueda ser racionado, es decir, administrado dentro de un contexto de políticas de Estado consecuentes con la sostenibilidad mencionada.

En el caso de Bolivia, la actual coyuntura de falta de agua, me obliga a compartir algunas reflexiones que las considero indispensables:

Resulta urgente la construcción de una Megaplanta de potabilización a orillas del Lago Titikaka, en su orilla más próxima a la urbe alteña, aprovechando los millones de metros cúbicos de agua que se evaporan cada año en el espejo lacustre.

Hay que dar inicio a proyectos de extracción acuífera de las capas freáticas, por ejemplo en el altiplano paceño.

Hay que generar proyectos de suministro de agua potable, a partir de la mecánica hídrica que generan los Bofedales, tal cual como se hace en el área de Coro Coro.

Es necesario que el precio que la población paga mensualmente por el consumo de agua, al no invertirse en la compra de materia prima (el agua nos proporciona la naturaleza), sea invertido en proyectos que refinen la potabilización de la misma, así como en reducir el porcentaje de pérdida del agua potabilizada.

A las empresas privadas que utilizan agua con fines comerciales (lucrativos), tiene que aplicárseles un impuesto por dicha utilización (el IUHC: Impuesto al Uso Hídrico Comercial), evitando su especulación.

Por: Marco Antezana

Revisión general

Resumen

Deja un comentario